La iniciativa que nace como una copia del ‘Black Friday’ estadounidense que se realiza posterior al ‘Día de Gracias’ -aunque no es del todo similar-, extiende desde ahora la temporada de gastos de fin de año del maratón “Guadalupe-Reyes”.

Es una buena idea que busca impulsar al mercado interno y se trata también de un buen intento por difundir entre los mexicanos la costumbre de adquirir productos en temporadas de remate, muy comunes –paradójicamente-, entre las clases más acomodadas o que tienen la facilidad de cruzar la frontera para hacer sus compras en ciudades como San Antonio, El Paso o McAllen.

El común de los mexicanos compra cuando prácticamente le urge aquél electrodoméstico, que ya no aguanta una reparación más o cualquier otro artículo de uso diario, en abonos y con los consiguientes cargos extra (comisiones o intereses), o bien recurriendo al ‘tarjetazo’ o al agiotista de la colonia.

No digo que el ‘Buen Fin’ sea la solución a nuestras plegarias, pero ha sido pensado para extender un poco el dinerito extra que se tiene en la temporada y de poner al alcance una gran variedad de productos en los 15 mil negocios de todo giro que participan en la campaña.

Ahora bien, no se vaya con la finta de aquellos comercios que aprovechan la coyuntura para inflar precios y ofrecer supuestos descuentos de oportunidad. Todos sabemos el precio aproximado de lo que buscamos. Desde que pensamos en adquirir algo, recorremos tiendas para ver modelos, características y precios, mucho antes de contar con el dinero. Recuerde eso si ahora cuenta con el recurso y es inundado de decenas de ofertas, muchas de las cuales, ni siquiera lo son tanto.

Ahora, si va a echar mano de su crédito, no se ‘entrampe’ en los meses sin intereses, que son muy buenos siempre y cuando destinemos realmente la cantidad comprometida al mes, a fin de liquidar en el tiempo estipulado y no dejar que se acumule al saldo revolvente generándonos un sobreendeudamiento desproporcionado. Lo digo con pena, por experiencia propia.

A todos nos encanta ir de compras, sobre todo en temporada navideña en la que podemos ‘materializar’ nuestro cariño a los seres queridos. Nada tiene de malo si estamos en posibilidad de darnos el gusto de obsequiar y obsequiarse, ¿por qué no?, no sólo aquellas cosas necesarias sino incluso algún regalito superfluo del que regularmente nos abstenemos por las inacabables prioridades.

Comprando ponemos en movimiento a la economía, generamos demanda y con ello, empleos además de pagar impuestos, huelga decir que sus compras las haga en el comercio FORMAL, para que valga la pena el gasto en productos originales, de calidad, durables y con garantía del fabricante, para que valga la pena el gasto y no una copia barata que cuando quiera reclamar, el ‘marchante’ ya no se encuentre en la esquina donde lo estafó.

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